miércoles, 22 de octubre de 2008

Teoría del caos

Es lo que pasa por salirse de la matemática. Tenemos que decidir si vivir inmersos en un lugar lleno de perfección y coherencia; o en otro completamente imperfecto.
Plantear esto es estúpido. Todos sabemos que no podemos escapar a nignuno de los dos.
Una cosa, por más pequeña que sea, necesariamente va a llevar a otra (sea significativa o no). Análogamente, una cosa siempre proviene de otra cosa.
Si hablamos de un destino, tenemos que decir entonces que la primera cosa fue la que lo determinó. Y debido a que no podemos controlar nuestras propias acciones, sino que dependemos de anteriores, no podemos controlar qué es lo que nos va a pasar.
Lo que importa es el pasado. La pregunta es si hubo algún momento en que no hubo pasado.
La pelotita se tira con un cierto ángulo, con un cierto ánimo, con una cierta expectativa, con cierta fuerza. Una cosa. Se salta, y luego se cae de una determinada manera, con infinitas variables, todas definidas, o no, según si hubo esta "primera cosa".
Todo esto desencadena que un día esté muy tranquilo, demasiado tranquilo en el piso. Si se para (y se paró), cae. En la guardia nos dicen que es neurológico. Los rostros de las chicas están rojos, y mamá se tira a llorar apenas llegamos a casa, él no nos recibe como de costumbre. La cena es sin él. No está en la casa.
Mamá nos cuenta a Caro y a mí a las ocho de la mañana, mi hermana si arrodilla en el piso y se toma la cabeza con ambas manos. Conmigo fue distinto. Me abraza, llorando. Yo le digo que no se preocupe. Me deja de abrazar.
Nadie me va a recibir como él. Mis caricias no van a representar para nadie lo que representaban para él.
No me importa si la teoría del caos se explica acá. Si lo hiciera, no cabe duda de que lo que hizo con nosotros fue hermoso y devastador. Si no, tambíen.

No hay comentarios: